Del poemario Los placeres prohibidos (Luis Cernuda)
Lo dedico a todos los concienciados de la desmedida del Konsumo
DIRÉ CÓMO NACISTEIS
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.
Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.
No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.
Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.
Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.
No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.
Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.
Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.
Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
sábado, 23 de abril de 2011
martes, 29 de marzo de 2011
jueves, 3 de febrero de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
DOS LECTURAS QUE HICE EN EL KO DE 28/1/11
LA MUSA
Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja;
con dos ojos de abismo que se vuelvan fanales,
en su boca, una fruta perfumada y bermeja
que destile más miel que los rubios panales;
a veces nos asalta un aguijón de abeja;
unos raptos feroces a gestos imperiales
y sorprenda en su risa el dolor de una queja,
en sus manos asombren caricias y puñales!
Y que vibre, y desmaye, y llore, y ruja, y cante,
y sea águila, tigre, paloma en un instante,
que el Universo quepa en sus ansias divinas;
tenga una voz que hiele, que suspenda, que inflame,
y una frente que erguida su corona reclame
de rosas, de diamantes, de estrellas o de espinas!
Delmira Agustini
Del poemario “El libro blanco”, 1907
CANCIÓN DEL MACHO…
Canción del macho y de la hembra!
La fruta de los siglos
exprimiendo su jugo
en nuestras venas.
Mi alma derramándose en tu carne extendida
para salir de ti más buena,
el corazón desparramándose
estirándose como una pantera,
y mi vida, hecha astillas, anudándose
a ti como la luz a las estrellas!
Me recibes
como al viento la vela.
Te recibo
como el surco a la siembra.
Duérmete sobre mis dolores
si mis dolores no te queman,
amárrate a mis alas
acaso mis alas te llevan,
endereza mis deseos
acaso te lastima su pelea.
Tú eres lo único que tengo
desde que perdí mi tristeza!
Desgárrame como una espada
o táctame como una antena!
Bésame,
muérdeme,
incéndiame,
que yo vengo a la tierra
sólo por el naufragio de mis ojos de macho
en el agua infinita de tus ojos de hembra!
Pablo Neruda
sábado, 29 de enero de 2011
miércoles, 26 de enero de 2011
CONTEMPLACIÓN
El azul claro del cielo
me inició en perseguir rayos de vida,
en dejar hundir en él la mirada
como sobre una clara frondosidad.
Después la nube blanca
me mostró el dulce lenguaje
de la suavidad y las formas.
Me explicó por qué
la perfección de un instante
no se mantiene para siempre,
pero que la belleza en movimiento
se puede experimentar con libertad.
Más tarde descubrí la puesta de sol.
Su fuego me habló de sentimiento.
Sentí la intensidad de su punzada
rozándome por dentro.
Pregunté a la noche:
contrastes, claroscuros, contraluz,
¿por qué idolatran tanto hasta cegar
la palidez aterciopelada de la luna?
¿O es ella que, blanquecina,
hace brillar los espacios
más ciegos del sentido?
¿Con qué ritmo pestañea
esa estrella de diamante,
el de la caricia de ojos negros
en su iris plateado?
Me contó que en el azul oscuro
se concentra la nostalgia de multiplicar
todas las horas de todos los días.
Que al evocar un pensamiento
el tiempo no se detiene
a razonar limitaciones.
Entendí que la poesía era razón y amor
y pensé en inventar nuevas preguntas.
Transmutaciones , 1995
viernes, 14 de enero de 2011
QUIEN BAILA SE CONSUMA
Un diálogo metafísico entre el bailarín y el director de escena
EL BAILARÍN
ES demasiado ligero. No sé, difícil es optar
qué está más escondido, si el puñal o la rosa.
Algo embriaga el aire. ¿Plata sólo? O aromas
de los pétalos que machacados por unos pies desnudos
llegan a mis sentidos, los descubren e incitan.
Rompen más poderosamente los enigmas
y al fin se ven los montes, como cuerpos tumbados,
allí en el horizonte, mientras sigue el misterio.
EL DIRECTOR DE ESCENA
Si quieres decir que la bambalina oscila,
no cuidas las palabras. Tu pie en el aire imita
la irrupción de la aurora, pero cuán pobremente.
¿La orquesta? Mientras ensaya la madera a dormirse,
el son a su mudez y el farol a crujir cada vez más rosado,
yo duermo o leo, y me despierto y callo.
La ciencia es un dominio donde el hombre se pierde.
Un bosque que levanto con mis órdenes puede
a los espectadores darles verdor, no vida.
Por eso me sonrío cuando el telón se alza
y el bailarín ondea como un árbol y aduzco
su pie, su pie en sigilo como una duda intensa.
EL BAILARÍN
Yo soy quien soy, pero quien soy es sólo
una proposición concreta en sus colores.
Nunca un concepto. Bailo, vacilo, a veces puedo
afirmarme hecho un arco, con mi cuerpo, y los aires
bajo él cruzan como deseos. No los siento. La piedra
del puente nunca siente
a las aguas veloces, como a las quietas: sueño,
y el soñar no hace ruido.
Mi cuerpo es la ballesta en que la piedra yérguese;
y el arco, y soy la flecha: un pensamiento huyendo.
EL DIRECTOR DE ESCENA
Solo estoy y no confío en lo que hice, ni hago
mención de lo que puse o propuse: una idea.
La escena es una idea, y el pensamiento abrasa.
Con colores o turnos de ira o fe erguí tu nombre.
En lienzo el bermellón, el amarillo híspido, la rosa, el pie desnudo
y todo el cuerpo erguido del bailarín creciente,
pura mentira o veste, mas la verdad ahí arde.
Bajo la malla un grito corporal es el ritmo
y con mi mano tomo la forma y ahí se quema
para todos. Y todos, consumados, aplauden.
EL BAILARÍN
Suena la música y ondea como un mar salobre
donde mi cuerpo indaga temeroso y brillante.
Soy la espuma primera que entre las ondas álzase
y en la cresta aquí irísase, revelándoos un mundo.
Su nombre, o son sus hechos, en los labios ardidos.
Mientras cantan las cuerdas y los óboes se quejan
como oscuros principios frustados, y hay la flauta
como una lengua fina por una piel huyendo.
EL DIRECTOR DE ESCENA
No es el son, son mis manos. ¡Basta! Todo el mundo ahí erguido.
Concebir nunca es fácil. Coro o tristeza inmunda
que cual rosas marchitas desfila sordamente.
¿Aún bailan o aún engañan? Una onda a aromas pútridos
que divaga y oscila mientras callan las liras.
Rostros para esa ardiente juventud que es un hombre.
La perdición completa yo la vi y la presento.
Los negros gemebundos, los amarillos glaucos, los finales más grises,
como cuerpos dormidos.
Un montón de lujuria, pero extinto, en la sombra.
O es un vals lastimero que en polvo lento absuélvese.
EL BAILARÍN
Es el fin. Yo he dormido mientras bailaba, o sueño.
Soy leve como un ángel que unos labios pronuncian.
Con la rosa en la mano adelanto mi vida
y lo que ofrezco es oro o es un puñal, o un muerto.
Vicente Aleixandre, del poemario Diálogos del conocimiento
...........
Desde Poétika del consumo y la no-violencia dedico este poema a todos los diversos espacios de baile (Sylvia Trinxet)
EL BAILARÍN
ES demasiado ligero. No sé, difícil es optar
qué está más escondido, si el puñal o la rosa.
Algo embriaga el aire. ¿Plata sólo? O aromas
de los pétalos que machacados por unos pies desnudos
llegan a mis sentidos, los descubren e incitan.
Rompen más poderosamente los enigmas
y al fin se ven los montes, como cuerpos tumbados,
allí en el horizonte, mientras sigue el misterio.
EL DIRECTOR DE ESCENA
Si quieres decir que la bambalina oscila,
no cuidas las palabras. Tu pie en el aire imita
la irrupción de la aurora, pero cuán pobremente.
¿La orquesta? Mientras ensaya la madera a dormirse,
el son a su mudez y el farol a crujir cada vez más rosado,
yo duermo o leo, y me despierto y callo.
La ciencia es un dominio donde el hombre se pierde.
Un bosque que levanto con mis órdenes puede
a los espectadores darles verdor, no vida.
Por eso me sonrío cuando el telón se alza
y el bailarín ondea como un árbol y aduzco
su pie, su pie en sigilo como una duda intensa.
EL BAILARÍN
Yo soy quien soy, pero quien soy es sólo
una proposición concreta en sus colores.
Nunca un concepto. Bailo, vacilo, a veces puedo
afirmarme hecho un arco, con mi cuerpo, y los aires
bajo él cruzan como deseos. No los siento. La piedra
del puente nunca siente
a las aguas veloces, como a las quietas: sueño,
y el soñar no hace ruido.
Mi cuerpo es la ballesta en que la piedra yérguese;
y el arco, y soy la flecha: un pensamiento huyendo.
EL DIRECTOR DE ESCENA
Solo estoy y no confío en lo que hice, ni hago
mención de lo que puse o propuse: una idea.
La escena es una idea, y el pensamiento abrasa.
Con colores o turnos de ira o fe erguí tu nombre.
En lienzo el bermellón, el amarillo híspido, la rosa, el pie desnudo
y todo el cuerpo erguido del bailarín creciente,
pura mentira o veste, mas la verdad ahí arde.
Bajo la malla un grito corporal es el ritmo
y con mi mano tomo la forma y ahí se quema
para todos. Y todos, consumados, aplauden.
EL BAILARÍN
Suena la música y ondea como un mar salobre
donde mi cuerpo indaga temeroso y brillante.
Soy la espuma primera que entre las ondas álzase
y en la cresta aquí irísase, revelándoos un mundo.
Su nombre, o son sus hechos, en los labios ardidos.
Mientras cantan las cuerdas y los óboes se quejan
como oscuros principios frustados, y hay la flauta
como una lengua fina por una piel huyendo.
EL DIRECTOR DE ESCENA
No es el son, son mis manos. ¡Basta! Todo el mundo ahí erguido.
Concebir nunca es fácil. Coro o tristeza inmunda
que cual rosas marchitas desfila sordamente.
¿Aún bailan o aún engañan? Una onda a aromas pútridos
que divaga y oscila mientras callan las liras.
Rostros para esa ardiente juventud que es un hombre.
La perdición completa yo la vi y la presento.
Los negros gemebundos, los amarillos glaucos, los finales más grises,
como cuerpos dormidos.
Un montón de lujuria, pero extinto, en la sombra.
O es un vals lastimero que en polvo lento absuélvese.
EL BAILARÍN
Es el fin. Yo he dormido mientras bailaba, o sueño.
Soy leve como un ángel que unos labios pronuncian.
Con la rosa en la mano adelanto mi vida
y lo que ofrezco es oro o es un puñal, o un muerto.
Vicente Aleixandre, del poemario Diálogos del conocimiento
...........
Desde Poétika del consumo y la no-violencia dedico este poema a todos los diversos espacios de baile (Sylvia Trinxet)
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